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18 ene. 2016

Crítica "Metal Gear Solid V: Phantom Pain": Kojima se cree que sois tontos.


Igual no soy una voz imparcial porque me he comprado la Playstation 4 hace un par de meses y venía con el Metal Gear Solid V: Phantom Pain así que no puedo compararlo con otros videojuegos de la plataforma, pero hay un momento en el que voy con Big Boss a caballo por las montañas de Afganistán en el que giro la cámara y miro el paisaje a mi izquierda y se me cae el cigarrillo de los labios de tanto que se me abre la boca. Que gráficos. Yo que me corría viendo a Solid Snake cambiarse el traje de submarinista en el ascensor del MGS I ahora mismo estoy...el éxtasis que sintió Santa Teresa debió ser algo parecido. 

El salto que ha dado Metal Gear Solid al nuevo trending de los mundos abiertos en videojuegos me tenía un poco inquieto. No es que desconfie del equipo ni de Kojima pero no veía bien como una saga en la que la máxima siempre ha sido una perfecta y sólida historia lineal podía compaginarse con un mundo de total libertad. Pues bien, el resultado es...entre la decepción, el asombro y un encogimiento de hombros resignado de “lo que me esperaba”. Me cuesta mucho hablar en profundidad del juego porque es vasto, vastísimo. Tras el episodio 0 que sirve de intro nos vemos con Big Boss en Afganistán, con una región de kilómetros y kilómetros explorables en los que hay una cantidad de misiones secundarias y objetivos ocultos increíbles. Las primeras horas de juego estoy disfrutando como el niño que soy de esta última entrega de la saga. La historia pinta muy atractiva y el hecho de “currar” codo con codo con Ocelot, además de muchos más detalles y guiños para los más veteranos de la serie, es una delicia. La jugabilidad es básicamente la que acostumbramos en la saga, incluyendo el escoger los ítems al pulsar el cursor izquierdo y muchos más controles que se han mantenido desde la primera entrega y que nos tocan la fibra sensible a muchos de nosotros.
Por supuesto se han añadido multitud de funcionalidades como la de robar y conducir vehículos, realizar las misiones con compañeros tan dispares como caballo, perro o robot,la Mother Base, los interrogatorios… Se ha perdido el clásico radar de la serie, pero se mantiene el Códec aunque ya no se llame así, y en su lugar lo que podemos hacer es “marcar” enemigos. Teniendo visible su situación incluso a través de paredes. Lo hace todo más fácil (incluso) que el radar. Sin embargo, llegado a cierto punto del juego, concretamente cuando tengo que probar dos compañeros nuevos (Quiet y D-Walker), tengo decenas de mejoras para las armas e items que aún no me puedo permitir, me veo sobrepasado e intuyo algo de lo que se viene encima. “Le han metido mucha morralla” pienso.
Ni me lo imagino. De repente me atasco en cierto punto de la historia principal y comienzo a realizar las secundarias. Que sorpresa cuando empiezo a encontrarme “Rescata al soldado 08”, “Elimina al tanque 05”, “Extrae al armero legendario bis”. ¿Enserio? Entiendo que en un juego de estas características el tema de meter más de 150 misiones secundarias se hace complicado. Bien, pues no las metas. La historia, que apuntaba alto, se va diluyendo entre conspiraciones que de tan épicas se quedan en risibles. ¿Cómo puede ser que SkullFace pretenda crear un virus que extermine el inglés (y sus hablantes, claro) de la faz del mundo? ¿Pero qué pollas…? El “malo final” no es si no un refrito en forma de un joven Psycho Mantis controlando al Metal Gear con más parecido al de la primera entrega que ha dado la saga. Los jefes finales en general son facilones y sin carisma (los Skulls molan claro, pero más molaría que tuvieran un breve atisbo de inteligencia). Y es que los puntos fuertes del juego son guiños u homenajes a las entregas pasadas. Liquid de joven, Psycho Mantis de joven, Ocelot de joven, una francotiradora cuyo mayor logro en la historia es recordarnos (demasiado) a Sniper Wolf (tras derrotarla pasa a ser nuestra compañera y podemos vestirla como a la mismísima Wolf), un tal Emmerich que no es otra cosa que un refrito de Otacon… en fin.
Al contrario que al resto del gremio no me ha parecido, ni de lejos, la mejor entrega de esta saga. Sí que la jugabilidad es apasionante y contamos con un arsenal y una tecnología (que por cierto no existía en el s.XXI en otras entregas de la saga pero sí en plena Guerra Fría WTF) muy jugosas tanto para jugar al estilo infiltración y sigilo como para entrar en plan comando en las bases enemigas, con el helicóptero bombardeando a los enemigos, el camuflaje óptico activado y disparando una metralleta del tamaño de un lobo joven. Por tanto, la entrega se disfruta, no quiero insinuar lo contrario. Pero, ¿la mejor entrega de la saga? Venga, hombre, iros a cagar periodistas y youtubers. Por suerte, alguno hay por ahí que comparte mi opinión de que es el peor de la saga.
Desapasionado ya del juego me decido a terminar aunque sea sólamente la historia principal cuando, tras derrotar al puto Salehontronosecuantos aka el nuevo Metal Gear controlado por el joven Psycho Mantis, me dispongo a ver el final más insulso de la historia de la saga. Y, vaya, sorpresa, en un video-trailer se me informa de que sólo he completado la primera parte del juego. Qué cojones. Mejor dejarlo enfriar, pasar una semanita jugando a otras cosas y retomarlo, no vaya a ser que me haya precipitado al pasarme las últimas 4 horas de juego repitiendo en voz alta: “Menuda mierda”.
Una semana después me encuentro con que tengo dos misiones “nuevas” en la citada segunda parte. Son dos misiones que ya he completado pero en nivel extremo. Olé tus cojones ahí Kojima. Esto me lo tomo como algo personal. Se están riendo de mí. No hay otra puta explicación, se están riendo de mí. La segunda parte avanza así, con alguna misión nueva que no es más que un reciclado del sistema que ya conocemos de sobra en las anteriores horas de juego (rescata a no-sé-quién, destruye tal mierda, bla bla bla) y en los escenarios viejos. Pues tus muertos. La segunda parte transcurre así, con un jugador enfadado que sólo avanza por ver si hay un final resolutivo en esta historia. Sorpresa otra vez. No, no hay ningún final a esta puta mierda. Una escena en el espejo nos muestra a Big Boss, al que durante todo el juego no le hemos notado ni un ápice de la supuesta maldad que debería desprender como malo malísimo de la saga, algo enfadado y con todas las papeletas de liarla nuclearmente hablando en unos añitos.
Muy desaprovechada esta entrega, que podría haber rematado la consolidación de la saga como la mejor de espionaje de la historia. Un poco de ambigüedad en torno a si en realidad Big Boss es “malo” o simplemente acabará siendo “enemigo” de su hijo Solid Snake porque este trabaja para el gobierno...ese tipo de cosas. A Ocelot se le ve con la cabeza muy fría también, ni idea de en qué punto se transformará en el que conocimos en la primera entrega. A colmo de males creo que es el videojuego con los peores jefes finales del año, como mínimo. De hecho adjunto captura de pantalla de Wiki Metal bastante risible si se compara con el resto de entregas.
"(Otra vez)" es la definición perfecta del juego.

En resumen, jugarlo es muy disfrutable al principio, pero la experiencia va cayendo en picado hasta que el jugador, hastiado, decide probar “gilipolleces” como entrar en un campamento enemigo disparando con un lanzamisiles mientras grita: “A tomar por culo el sigilo”.
La historia, fatal, horrible. Progresiva también, cayendo lentamente hasta ese horrible momento en el que uno se da cuenta de que está pasando las escenas de video en un Metal Gear porque no le importan. No quería averiguar cómo era esa sensación. Estaba mejor sin ella.

Gráficos, la polla bendita, claro. Pero sólo faltaba. Duración, excesivamente súper-excesiva. No lo compréis (y menos por 70 pavos) pero si algún colega lo tiene, pedidle que os lo preste. Aunque sea por “cerrar” la saga.

Sí, voy a empezar a escribir sobre videojuegos. Y como me anime, hago video-críticas y todo.

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