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16 ago 2011
Día 1: Como echarte de menos y saber que volver a tí nos mataria a ambos
Pero no es por ti, ni siquiera por mí, no es eso: Es porque un hombre es lo que es y no puede dejar de serlo. Es una sensación tan extraña. Sé que te he hecho el mal y sé que me he hecho el mal a mi mismo. Y sin embargo, mi kharma me grita que he hecho el bien. Quizás no durante un tiempo. Pero a la larga. A la larga sé que he hecho el bien. Y eso es lo que cuenta. Un hombre no es nada sin kharma.
El kha es rueda
(...)
Yo no soy normal. Eso queda bastante obvio. Los únicos hombres que me entienden me aman y me respetan. Las pocas mujeres que consiguieron hacerlo salieron corriendo.
(...)
Hay gente que quizás no está hecha para ser feliz. Quizás yo soy uno. He vuelto a escribir. Mucho. A escribir mucho. Este dialogo me encanta. Lo he puesto mil veces en este blog y en cualquier cosa que me represente y lo voy a volver a poner. Mierda, lo llevaría en una cinta para enseñárselo a la gente por la calle.
-¿Podrías escribir en paz?
-Muñeca, te lo he dicho muchas veces, nadie que escriba nada que merezca la pena puede escribir en paz.
Pd: No me apetece poner una foto
10 jul 2011
19 jun 2011
Cuando ya no le sirve de nada (3)
En Berlín, Alemania. Me dijo que se iba a casar. Y me dio una postal de París. Nunca habíamos ido a París porque nos parecía muy tópico. Volví a casa llorando como un imbécil. Y seguí llorando un par de días más. Por aquel entonces vivía solo. Nunca creí que nada pudiese afectarme tanto. La muerte de mi padre no lo hizo un par de años antes. Pero comprendí que era la tristeza. Era esa sensación de desolador vacío en el pecho. No sentía ganas de drogarme para olvidar mis penas, ni siquiera de beber, mis penas no pesaban. Eran una sensación en mi pecho de ausencia. Una nube negra que no me dejaba ni pensar mientras deambulaba del escritorio a la cocina y de la cocina a la cama. No acudí a París. Renuncié a Marta para siempre puesto que no teníamos ningún dato del otro. Ni dirección, ni teléfono ni nada. No he vuelto a verla jamás. Ahora sí la comprendo, y me arrepiento. Me carcome. Quizás no la recuerdo en diez años, pero cuando la recuerdo y pienso en que la dejé ir, me come por dentro. No me deja respirar. Tengo que excusarme de donde esté y buscar un baño para gemir y morderme los nudillos. Aún a mi edad. Me carcome porque ahora la comprendo. Ahora que estoy casado con el amor de mi vida y tengo tres hijos todo está claro en mi cabeza. Lo nuestro era tan platónico en el total sentido de belleza que en realidad posee esa palabra que simplemente lo vencía todo. No tenía nada que ver con haber encontrado cada uno a su pareja ideal con la que envejecer y morir juntos. Era algo totalmente aparte y que no debía morir con eso. Pero claro, uno comprende las cosas a los 75 años. Cuando ya no le sirve de nada.
15 jun 2011
Cuando ya no le sirve de nada (2)
Al principio me resistía la hipocresía de provocar una situación así, provocarla le quitaba la magia, el romanticismo y el tinte novelístico. Pero no fue así. Provocarla era aún más satisfactorio, era vivir una vida de cine porque habías decidido vivirla así. Y comprendí que así era. Todos esos famosos que yo idolatraba habían vivido una vida digna de ser contada porque lo habían decidido así al nacer. No se resignarían siendo uno más y provocaron que su vida mereciese la pena. Y yo también lo hice. Granada y su Alhambra, Túnez y sus dunas (sin desmerecer el Anfiteatro de El Djem), Venecia y sus canales. Solo con recordarlo lloro emocionado. Que mágico, que increíble. Cada vez uno de nosotros elegía la próxima ciudad, una cita cada seis meses. Empecé a escribir más y a presentarme a concursos, aunque fuesen mediocres, solo por recaudar dinero, acepté un contrato fijo con una editorial y escribía para un diario de poca monta y tirada gratuita. Solo por pagarme esas citas. Eran como mi verdadera vida. Habían nacido de la ficción, una forma sutil y maravillosa de huir de la realidad, y se habían transformado en lo único que merecía la pena ser vivido. Teníamos una regla, no hablar de nuestra vida amorosa al margen de nosotros. Jamás la incumplí, aunque cuando creía enamorarme de otra me moría de ganas. Marta si la incumplió. Quince años después de empezar a vernos. Cuando yo tenía treinta y cinco años. En Berlín, Alemania (...)
12 jun 2011
Cuando ya no le sirve de nada (1)
No sé cómo empezar esta historia. Y resulta irónico porque me gano la vida contándolas. Pero no es lo mismo relatar “una” historia, que relatar tu historia. No sé porqué conocí a Marta. Supongo, que como las cosas verdaderamente buenas en la vida, pasó sin razón aparente. No nos presentó ningún amigo que yo recuerde, ni nos conocimos en ninguna charla de poesía, ni mágicamente en el cine. Nos conocimos y punto. Apenas recuerdo cómo. Hace ya muchos años. Marta era una chica muy especial, lo que en realidad es una forma bonita y romántica de decir que Marta era muy rara. Por aquel entonces yo estaba disfrutando del estallido rompedor de los 80, que en realidad no eran más que los residuos de los 70, que a España venían con retraso. No tenía casa ni hipoteca, pero tenía una Olivetti portátil y un editor con lo necesario para triunfar en su profesión: Poca vergüenza y mucha constancia. Era de los que llamaban cada dos semanas a la editorial para enterarse de si habían recibido el manuscrito. La mayor parte del tiempo que andaba por Madrid solíamos apalancarnos en su casa. Aunque yo tenía amigos en casi todas las ciudades, sobre todo porque era bastante nómada y también tenía el presupuesto muy justo. Pero claro, si vuelves a Cádiz después de un año y medio y le pides a un antiguo colega de la facultad que te deje dormir en el salón unos pocos días, por dios, todo lo que necesites. Así que iba tirando. Pero bueno, me estoy desviando del tema. Marta. Marta y sus pecas me dijeron que cada una de nuestras citas debía ser en una ciudad del mundo diferente. Y que cada vez sería única y especial. Hablaríamos de algo distinto, pasearíamos por sitios distintos y dormiríamos en hoteles distintos. Empecé a hacerlo porque me parecía mágico, romántico y muy sacado de una novela. Al principio me resistía (...)
1 jun 2011
ytodossonpoetas
Eternidad en la copa de un pino.
Agua en los ojos de una Geisha.
En tus brazos.
En los míos.
Sangre y poesía.
Sangre y poesía.
Poeta muerto.
Pd: Así cualquiera hace poesía, comedme el nabo.
Agua en los ojos de una Geisha.
En tus brazos.
En los míos.
Sangre y poesía.
Sangre y poesía.
Poeta muerto.
Pd: Así cualquiera hace poesía, comedme el nabo.
19 may 2011
Hope.
Y por mucho que mi mente me grite que no me haga ilusiones, que solo va a ser peor, que esto va a acabar como siempre...no puedo evitar hacérmelas. Lo necesito. Necesito volver a creer en que las cosas pueden cambiar. En que las podemos cambiar. Aunque sea un poquito. Que esta vez no, esta vez no podrán hacerse los sordos.
12 may 2011
Troubling
El problema es que todos se creen demasiado buenos en esta mierda. Y me preguntan: "¿Tú es que nunca descansas?". Y eso es lo que me da miedo. Que sí, que claro que voy a descansar coño. Cuando esté muerto.
Marta escuchó un ruido a su izquierda y sacudió la cabeza con fuerza para alejar sus pensamientos. Desde un largo pasillo un zombie tambaleante se dirigía hacia ella. Sonrió. Sería buena ocasión para probar su nueva adquisición. Se colocó la escopeta en la cadera y la clavó con fuerza para evitar que el retroceso la echara al suelo. No eran armas hechas para nadie que midiese un metro sesenta y pesase cincuenta kilos. Esperó a que el zombie se acercase más. Cuando estuvo a cinco metros le apuntó al pecho. El zombie era, o había sido, un hombre. Marta pudo adivinar por lo poco que quedaba de su cara y los jirones rubios de lo que antaño había sido su cabello que se trataba de un hombre guapo. Se imaginó la cara de tantos cerdos que le habían tocado el culo en el bar, contuvo la respiración y apretó el gatillo. No estaba preparada ni de lejos. La escopeta apenas tuvo retroceso, quizás porque era una versión muy moderna y porque a las armas de la policía las dotaban de una estabilidad especial. Aun así, nunca supuso que su poder destructor sería tanto a tan corta distancia. El pecho del zombie se hundió literalmente hacia dentro primero y después un agujero enorme apareció en su torso rezumando sangre oscura a borbotones. El zombie apenas tuvo espasmos en el suelo. Un solo disparo. Marta casi dio un salto de alegría. Estaba harta de tener que disparar al menos 4 o 5 balas a uno de esos hijos de puta para que muriese en paz. Escuchó un crujido a su izquierda y se quedó helada. Las décimas de segundo que tardó en volverse le parecieron años mientras rezaba porque el zombie estuviese lo suficientemente lejos. Estaba a dos metros. Apenas tuvo tiempo de fijarse en él o apuntar antes de apretar el gatillo. Sus dedos descompuestos estaban tan cerca que Marta casi podía sentirlos rebuscando en sus órganos. El disparo le acertó en el cráneo. El resultado fue como el de arrojar una gran y enorme sandía desde un quinto piso contra el suelo. El cráneo del zombie estalló en una lluvia de fluidos, sangre y lo que parecían trocitos de hueso. Marta cerró los ojos y respiró profundamente, intentando no llorar ni caer en un ataque de ansiedad. ¿Cómo había sido tan estúpida? Ni siquiera había asegurado la zona y se ponía a leer los últimos escritos de lo que probablemente a estas horas era un difunto. Un difunto desconocido como los miles que habría por toda la ciudad. Abrió los ojos y se movió con destreza hacia la puerta, intentando olvidar como por su piel resbalaban camino al suelo trozos de cerebro y hueso. Sobre todo se obligó a no pensar en cómo llevaría el pelo.
1 may 2011
Doble ración
-No sé, nunca me han ido los macarras, excepto tú-dijo ella-Ni siquiera sé porque seguimos viéndonos
-Yo sí sé porque quiero seguir viéndote-dije
-Y yo porque quiero seguir viéndote a ti-dijo ella-Pero, no sé, es solo que siento que no deberíamos
-¿Porque hacéis eso?-dije-Tu y todo el mundo hacéis lo mismo
-¿El qué?-preguntó Vanesa recostándose sobre el banco
-La razón y las emociones son diametralmente opuestas-dije-¿Por qué os empeñáis en mezclarlas? ¿No es más fácil hacer lo que te gusta sin pensar el porqué te gusta? No se puede mezclar razón y sentimiento. Solo provoca dolor.
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Me gustaría que hubieseis estado allí para contemplarlo. No con vuestros ojos si no con los míos. No con vuestro corazón y vuestra alma si no con mi corazón y mi alma. Arrojé la gabardina a un lado, dejé la espada en el suelo y las pistolas en el primer cajón de la mesilla. Y me senté en el borde de la cama. A mirarla. Yacía de lado, apenas tapada con la fina sábana y en ropa interior. Las luces del alba ya despuntaban por la persiana entreabierta. Su larga cabellera desparramada por el colchón y sus suaves y deliciosos muslos blancos. Su boca. Su respiración acompasada mientras dormía. Era la perfección. La perfección se llama Vanesa. Me quité el coletero y los pantalones y me metí a la cama.
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