UA-67049947-1

16 nov 2010

Went to a party...


Estoy sentado en el sofá y me estoy liando el quinto petardo de la noche. La fiesta está bien, ósea, no está mal. Pero por lo que a mí respecta la fiesta podría ser la hostia o tela de aburrida, no me iba a dar cuenta. Si algo tienen los porros es que me dejan en un estado de neutralidad. Nada está demasiado bien, nada está demasiado mal. Es una ventaja y un inconveniente a su vez. El maldito filtro se está resistiendo a encajar y pienso en que debería quitarme las lentillas y ponerme las gafas, de todas formas no estoy hablando con ninguna chica guapa (de hecho no estoy hablando con nadie) y las lentillas son fatales para fumar porros, es por eso de que se te secan las mucosas o algo así, por eso se te entrecierran y se te ponen rojos. Bueno, consigo darle el pellizco y mientras chupo la pega se sienta cerca esta tía que conozco. Me dice que escribo muy bien y pienso “mierda”. Es decir, a lo mejor ella baila muy bien pero yo no voy a ir a decírselo sin más a no ser que quiera dar pie a conversación porque ella me gusta o considero que lo podría hacer. Y eso ahora mismo…no sé, lo he comentado con muchos amigos muchas veces y parece ser que soy un caso casi excepcional pero a mí el THC me mata la libido. Bueno, no es eso exactamente, es decir, le he echado un ojo a sus tetas antes y me las llevaría a la boca ahora mismo sin pensarlo, pero el hecho del trabajo anterior que supone llegar a ese punto me parece impensable. En el hipotético caso de una victoria redonda en tiempo récord significa al menos media hora de conversación, veo muy improbable el que sea menos incluso de una hora. Y eso si pasase esta noche, para lo cual tendría que dar una muestra de ingenio y encanto que no estoy preparado para dar ahora mismo. No sé a vosotros pero a mí los petas me sacan el lado más apático y antisocial. En estos momentos de “lucidez porrera” que en realidad quiere decir “desvaríos de fumado” me doy cuenta de que la gente habla demasiado, a destiempo y sin razón alguna. Nos pasamos la vida hablando entre nosotros y ni siquiera llegamos a conocernos. Solo es charla insulsa y barata. Yo, cuando estoy fumado, no hablo a no ser que tenga algo que decir. Y no se me suelen ocurrir demasiadas cosas. Y yo estoy aquí fumándole al peta como si nada y respondiendo a duras penas a alguna pregunta que ella me hace. No le doy bola. Paso de ella exagerado. Pero ella no se va. No se va y cojones se tiene que dar cuenta. Y total que me fumo el petardo y sigo rayado porque no entiendo porqué no se va. Hasta que me doy cuenta de que no para de hablar de mí, de mí y como el que no quiere la cosa, de mi blog, o de mi libro, o de nosequé entrada de tuenti… Y me doy cuenta de que joder, ya sé porqué no se va. Y porque se ríe demasiado y me roza sin venir a cuento. Es mi primera groupie. Sonrío, henchido de orgullo y satisfacción y sigo haciéndome el duro y el pasota. Pero tampoco es demasiado bueno. Ahora mismo nada lo es. Simplemente está bien.

¿Y qué hacer cuando ni el verso alivia?

14 nov 2010

A ganja apesto



Lo que aún me duele no es que rompieses lo que fuimos, si no lo que podíamos haber sido. Es algo que aún no entiendo. ¿Porqué destrozarlo? Imagínate lo que hubiésemos conseguido juntos. Aún puedo vernos a los dos, en lo alto, riendo y bebiendo whiskey sin marca en una botella sin etiqueta mientras a nuestros pies contemplamos como la ciudad arde para nosotros. Contemplando los saqueos y las hogueras, en el momento en el que nada importe ya porque por fin el mundo se ha vuelto al revés, que es lo que, tarde o temprano, debía suceder. Pero bueno. Ahora deberé estar solo. No es tan grave, pero es desolador. Es anti-poético. Me veo solo, bebiendo whiskey sin marca en una botella sin etiqueta mientras a mis pies la ciudad arde y la gente encapuchada me saluda victoriosa al pasar. Es una mera cuestión de concepción social. El rey y la reina. Bonnie y Clyde. Tyler y Marla. En lugar de ello estaré solo, pero no importa. No, ya nada importará porque habrá llegado el verwirrung y el ordnung estará gracias a dios muy lejos. No importa, puedo hacerme a la idea de triunfar solo. A lo que aún no me habitúo es a que no me cojas la mano cuando tengo miedo o frío, y lo suelo tener la mayoría del tiempo. A no tener a nadie en mis estrepitosos y dolorosos fracasos. Alguien con quien refugiarme del mundo. Y en vez de hacer nada lo escribo. Y dicen que las palabras se las lleva el viento pero no. Que yo soy la palmera que se dobla pero aguanta el huracán. Y que esta vez funciona.

Sigo sin entender que me dicen los pájaros y a mí la gente me dice que los pájaros no hablan y no me creo una puta mierda. Que la gente no sabe distinguir su polla de la del vecino. Y que ahora todo el que escribe es escritor. No te jode. Porque a mí sí. Y bastante.

9 nov 2010

Blood & Meat (2)



-Vaya vaya-dijo ella-El joven del que todos hablan
El joven se volvió y la miró intensamente a los ojos durante unos segundos que a Bella le parecieron años. El joven estaba dudando entre mandarla a freír espárragos o no. Probablemente Bella le caía tan mal como a Bella él. Pero al final al parecer el hambre también terminó imponiéndose porque el joven le sonrió mientras la miraba de arriba a abajo. Si el tipo la hubiese rechazado, la autoestima de Bella hubiese sufrido un revés muy importante.
-Vaya vaya-contestó él con una inclinación de cabeza-La joven a la que todos miran
Desde luego el chico tenía aplomo e ingenio. Bella contuvo sus ganas de torcer el gesto y trató de seguir el juego.
-¿No bebes hoy?-preguntó ella sonriendo
-Hoy hay luna llena- contestó el joven. Y por un momento sus ojos brillaron- Necesito mantener el control
Bella rio, jovial, y apuntó en su agenda de cosas por hacer el abofetearse a sí misma al llegar a su casa por tener miedo del joven durante una milésima de segundo. Los garou no existían. Y si lo hacían desde luego que no tenía a uno delante. Solo era un maldito joven escritor dándoselas de interesante con respuestas ingeniosas para intentar metérsela. Como todos.
-¿Y tú?-le preguntó él al observar sus manos vacías
-Nunca bebo-respondió ella
-¿De veras?-le dijo el joven sorprendido alzando una ceja, tan extrañado como si le hubiese dicho que jamás había besado a nadie. Eso le dolió a Bella. Al parecer el joven no se había fijado en ella en otras fiestas, al contrario que ella en él. No estaba acostumbrada a ese trato y le hizo daño la indiferencia del joven.
-De veras-dijo ella
-Oye-dijo el joven dubitativo-Probablemente pensarás que soy un capullo y seguramente lo soy pero…
Bella lo cortó alzando la mano. No quería oír el resto. No era la proposición más directa que había oído en su vida, había vivido mucho, pero aún así le sorprendió que se hubiese atrevido a intentar formulársela a ella. Ahora tenía claro que el tipo era un capullo. Pero también que tenía cojones. Probablemente llevaba mucho tiempo tirándose a groupies de tres al cuarto que le presentaban en sus fiestas de tres al cuarto. Sentía unas ganas tremendas de darle un golpe mortal a su ego, pero el hambre apretaba. Iba a vaciar a ese estúpido escritor hasta dejar de él una mísera cáscara. Probablemente es lo mejor que podía hacer por él de todos modos, los poetas valen más muertos que vivos.
-En el callejón a las doce en punto-dijo Bella. Le propinó una sonora bofetada, le guiñó el ojo y se fue. La gente empezó a murmurar y unos cuantos se aglomeraron alrededor del joven. Dave fue derecho a ella.
-Bienvenida al club “Odiamos a John”-le dijo con una sonrisilla de satisfacción-¿Puede mi morbo preguntarte qué te ha osado decir?
Bella le dirigió una mirada fría, simulando estar totalmente furiosa. De hecho simulaba ser alguien que intentaba ocultar que estaba realmente furiosa. Siempre le había encantado el teatro.
-Que tenía un buen polvo aunque me faltaban tetas-dijo Bella crispando el rictus
Dave se echó a reír.
-No dejes que eso te estropee la fiesta querida-dijo-Yo opino que tienes un polvo fantástico
-Eres un cielo-le dijo Bella mirando el reloj disimuladamente. Las 11 en punto. Agotó lo que quedaba de hora charlando desenfadadamente con otros invitados a la fiesta, y a las doce en punto, como cenicienta, se fue derecha al callejón a dejarse meter mano. Por un momento había pensado que si el tipo era bueno le dejaría incluso un poco de mete-saca antes del clímax. Ahora había decidido rotundamente que no. Cuando llegó él la esperaba cigarrillo en mano.
-¿Sabes?-le dijo-Creo que lo del bofetón ha sido innecesario
-Así no irás contando historias a tus amigotes-le dijo ella sonriendo traviesa. El HAMBRE le apretaba cada una de las partículas de su ser. Y se dijo que a tomar por culo los preliminares. Se abalanzó sobre él y le agarró fuerte por la nuca. Esquivó sus labios entreabiertos que se le ofrecían anhelantes y le mordió el cuello. Sus potentes colmillos le seccionaron la yugular y chupó con los labios con fuerza la herida. Él la agarró del culo. Bella se sobresaltó. Sabía que la saliva vampírica, por naturaleza, tenía un componente que resultaba agradable al humano. Era más que nada un método de defensa, si a un humano le gustaba que te alimentases de él no se apartaba. Pero nunca le había ocurrido nada parecido a que la agarraran del culo. El joven empezó a sobarle las tetas y entonces Bella cayó en la cuenta de que algo no iba bien. La sangre del joven no sabía como nada que hubiese probado en su vida. Tenía un cierto componente como…como animal. Además, pese a la fuerza con la que debía latir su corazón y la insistencia y fuerza con la que ella sorbía la cantidad de sangre que fluía de la herida era ínfima. Él se harto de sobarle el cuerpo y le agarró la garganta con un brazo. La levantó en peso y la arrinconó en una pared. Era imposible. Entonces vio el brillo de sus ojos en la oscuridad. Y sintió como el brazo que la sujetaba cambiaba de tamaño.
-Me toca-dijo el joven poeta
Y entonces su mandíbula de Crinos le arrancó la garganta.

7 nov 2010

Blood & Meat (1)


Se dirigió con paso seguro al primer intento de la noche. Sus largos tacones de aguja resonaban sobre el suelo de tarima. Su falda de vinilo le rozaba los muslos a cada paso, pero era un precio que debía pagar por estar tan espectacular. Que de hecho, lo estaba. Joder que si lo estaba. Con sus largos tacones de aguja negros, su falda de vinilo también negra y su corset blanco estaba realmente que se desbordaba. Sentía los ojos clavados en ella, a punto de salir de sus órbitas, recorriendo sus muslos, su culo y sus tetas. Nunca había tenido demasiado pecho pero el corset hacía lo suyo. Había localizado con la mirada al primer intento de la noche tras examinar rápidamente la sala. La presentación del libro de Dave ya había terminado y la gente volvía a dividirse en pequeños grupos. Dirigió la mirada a Dave y comprobó con orgullo que no estaba siendo el centro de atención aquella noche, de todas formas su libro probablemente era aburridísimo, como todos los demás. No le faltaban buenas ideas al pobre David, pero aún se le resistía el crear una historia coherente sin abrumar con detalles aburridos e inservibles. Su primera víctima era un tipo con smoking, que se dirigía hacia la barra. Antes había estado hablando con un par de redactores del tres al cuarto y con un productor de cine con aspiraciones a ser famoso algún día. Ella simplemente le abordó. Si ella atacaba era la dueña de la situación, lo que les desarmaba.
-Bonita fiesta ¿verdad?-le dijo
El tipo se sorprendió y pareció mirar hacia los lados, cómo preguntándose si ella en realidad no estaría hablando con otra persona. Dubitativo, respondió:
-Eh, sí-dijo
-¿De qué conoces a Dave?-le preguntó
El tipo sonrió franca y cálidamente
-Oye gatita, eres muy sexy; de veras-dijo pasándose la mano por el pelo, nervioso-Pero no quieres que sea tu víctima de hoy. Y antes de que te des cuenta tu sola ya te lo aviso
-¿Y por qué no iba a querer?-dijo ella con un ronroneo. El tipo la había rechazado. Y no es que fuese gran cosa. Se estaba empezando a quedar calvo y tenía unos pequeños y huidizos ojos que la ponían nerviosa.
-Estoy demasiado centrado en mi carrera y en las drogas para resultarte interesante-dijo él mientras pedía un Martini al barman.
Ella pensó que alguien capaz de hablar así debía interesarle. Pero al volver a mirar a sus ojos lo comprendió. Era cierto. Estaba demasiado centrado en su carrera y en las drogas para parecer interesante. Bella se giró y se marchó sin despedirse. El primer intento de la noche había sido un fracaso, y eso no le gustaba en absoluto. Realizó otro rápido chequeo y se dirigió a por el que había marcado como el segundo.
-Buenas noches-dijo Bella uniéndose a la conversación que mantenían la presa número 2 y un pintor famosillo del sur de Europa. Ella era amiga del pintor.
-¡Bella!-exclamó-Buenas noches
Se sonrieron con afecto. El pintor se llamaba Gaulle o algo así, Bella jamás había conseguido pronunciar bien su nombre. Lo del suyo propio era distinto, llevaba oyéndolo desde pequeña. Su madre había vivido en la bohemia francesa unos cuantos años, lo que la había marcado indudablemente. Procuró que Gaulle no fuese consciente de que su interés estaba puesto en su amigo. Aún así este los presentó inmediatamente.
-Joseph, esta es Bella, una de esas encantadoras mujeres de las que ya pocas quedan tal y como hablábamos-dijo el pintor. Y a Bella le sorprendió, siempre había pensado que el pintor era homosexual. De hecho solía pensar que casi todos los artistas eran maricas. Excepto los escritores. De todas formas los escritores no eran auténticos artistas. Los había a puñados.
Bella y Joseph se saludaron cortésmente. Los tres siguieron charlando un rato hasta que Bella se dio cuenta de que Joseph bebía whiskey a un ritmo pasmoso y Bella no tenía ganas de emborracharse con la sangre de nadie esa noche. Además, el maldito Gaulle no se iba a tomar por culo tal y como los ojos de Bella le intentaban sugerir una y otra vez. Era muy buena en lo de dar órdenes, el problema era que el estúpido pintor ni siquiera la miraba a los ojos. Bella recorrió de nuevo la fiesta con la mirada y localizó a un chico algo más joven que el resto, probablemente de su edad, unos veinticuatro, los que les convertía a ambos en los miembros más joven de la fiesta del selecto club de capullos pseudo-intelectuales del que formaban parte. No le agradaba la gente tan joven, y en concreto aquel joven menos. Lo conocía de vista de alguna que otra fiesta. Ella lo consideraba un completo idiota. No es que no tuviese madera, la tenía, bastante más que la mayor parte de los invitados a la fiesta, pero había publicado un par de relatos en alguna revista importante y un libro de poemas y se creía el rey del mundo. Miraba a su alrededor con asco. Había entrado a formar parte del club desde que un día se emborrachó en una fiesta y empezó a insultar a la gente a gritos. A Dave le encantó. Le gustó tanto que lo “apadrinó” y lo invitaba a todas las fiestas y le presentó a todo el mundo. Pero también se emborrachó en otra fiesta y le gritó a Dave delante de todo el mundo que él era el mayor gilipollas de todos y que ni siquiera sabía escribir. Bueno, eso no había desagradado a Bella, Dave había probado su propia medicina. Y además era algo que alguien tenía que decirle tarde o temprano. Aún así a Bella no le agradaban los imitadores de Bukowski. Pero algunos de los miembros más poderosos y viejos del círculo aún añoraban la generación beat y adoraban ver literatura salida directamente de los suburbios. De todos modos el hambre apretaba y Bella necesitaba caza. Y esa era una presa que no se podía escapar. El joven estaba fumando un cigarrillo con un codo apoyado en la barra y mirando alrededor con cara de aburrido, de vez en cuando torcía un poco el gesto, como con cara de asco, al ver pasar a alguno de los invitados. Todo su ser emanaba seguridad y autoconfianza, lo que en realidad reflejaba la carencia de ambas. Y para colmo el joven no estaba bebiendo esa noche. Bella suspiró y pensó en que no siempre se puede elegir. Se dirigió al joven.

2 nov 2010

Ríos de lágrimas



-No deberías estar aquí
-No, no debería-dice él encendiendo un cigarrillo
-¿Qué haces aquí?
Él mira fijamente al suelo y reordena sus pensamientos. El discurso que ha imaginado una y otra vez comienza a volverse difuso. Levanta la vista y ante él tiene sus grandes ojos negros. Mirando fijamente a sus esquivos y pequeños ojos marrones. Y de repente se siente desarmado. Desnudo. Ya no es quién ha fingido ser toda su vida. Ya no es especial. Solo otro más. Se siente indefenso ante ella. Y decide que es hora de hablar de verdad por una vez en la vida. Ya está bien de llevar máscara.
-Necesitaba verte-dice él
Ella calla y suspira
-No me hagas esto más difícil-logra decir por fin
-No me contestas a las llamadas-dice él
-Se supone que hemos roto-dijo ella- Y tú no te mostraste muy afectado por ello
-Mentía-dijo-Te quiero
Ella abrió los ojos y se mordió el labio inferior con casi indignación
-Es la primera vez que me lo dices en tu vida-dice ella
-Es la primera vez que lo digo en mi vida-contesta él. Se siente tan…pequeño.
Ella por fin deja de contenerse y estalla
-No puedes hacerme esto-dice alzando la voz-¿Ahora qué? ¿Me prometerás que vas a cambiar?
Él fuma en silencio. ¿De verdad merece la pena? ¿De verdad va a cambiar? Él siempre fue de los de fumar en silencio mientras el tren se marcha, sin despedirlo, sin correr a su lado o sin suplicar y rogar a los cielos que no se fuese. Pero cuando mira a sus grandes ojos negros comprende que no puede perder este tren. No puede quedarse mirando cómo se va y le destroza el corazón por muy poética y bonita que sea la imagen. A veces para hacer arte hay que sufrir deliberadamente. Pero ya no. No puede más. Es la hora de la verdad.
-¿Me quieres?-pregunta él. Sin sentirse estúpido al formular la pregunta. Sin sentirse débil.
Ella calla. No contesta. Y empieza a llorar. Él también llora. Sin disimulo. Es la primera vez en su vida que desnuda su alma de esa forma.
-No podemos seguir juntos Juan-dice ella tajantemente, sin cesar de mirarle a los ojos. Sigue hablando pero él se siente incapaz de escucharla. Todo le da vueltas. Ella se marcha. Y él se apoya en la pared y llora en absoluto silencio. Lo que le resulta absolutamente incomprensible es que por una vez en su vida ha abierto su corazón, y solo ha sido para dejar que se lo atravesasen. Una parte de él se rebela. La parte que siempre ha sido su todo. Pero él sigue incapaz de moverse. Llorando en silencio. Para cuando consigue separarse de la pared en ella se observan dos ríos de lágrimas. Piensa en lo bonito y poético de la imagen. Se aleja en busca de un bolígrafo mientras da tumbos maldiciendo el día que empezó a escribir con todas sus fuerzas.



Bajo al Mitlán justo antes de dormir y me devoran los mismos demonios que a tí no te dejan huir de mis entrañas...

26 oct 2010

La tierra vuelve a ser plana



La botella de Jack Daniels se está vaciando. Estoy hablando con cuatro gilipollas presuntuosos sobre la vida y sobre el mundo y la maldita botella parece evaporarse. Puedo soportar su charla barata y sus teorías de mierda sobre el cristianismo, tratando de parecer profundos hablando de puta religión, lo que menos trascendental me parece en esta vida. Aunque al menos no están hablando de la crisis. Aún así lo he estado soportando durante casi media hora, pero ahora lo veo complicado con la botella tan vacía. Podría soportarles durante horas si tuviese toda una bodega de whiskey a mi disposición, pero no la tengo, y estoy empezando a sentirme incómodo. Me retuerzo en la silla y suelto un chascarrillo. Me miran como a un imbécil así que se lo escupo. Les digo que no son más que una panda de cretinos disfrazados de pseudo-profundos y que en realidad no sabrían distinguir el puto nihilismo del cinismo. Uno de ellos me “acusa” de creerme cínico cuando en realidad soy un nihilista de cuidado. Que le follen. Probablemente lo soy pero él no es más que un gilipollas. Me levanto tambaleando intentando no derribar la silla y me dirijo dando tumbos hacia el cuarto de baño. En él vació lo poco que queda de la botella de un par de tragos, a palo seco y me contemplo al espejo con indiferencia. Me gusta increparme cosas a gritos cuando voy borracho (quizás sí que estoy un poco ido y todo eso) pero no encontré nada que increparme. Mi reflejo solo me transmitía la más profunda indiferencia. Salí escupiendo del baño y dejé la botella en el suelo. Al incorporarme casi me caigo de espaldas pero la pared me sirvió de punto de apoyo. Reí como un bobalicón y me dirigí a las escaleras. Por allí subía una rubia de pelo largo en la que me había fijado con anterioridad. Recordé a los Kennedys por alguna razón y le solté aquello de:

-Lo siento nena, demasiado ciego para follar
Y mientras intentaba dejar la escena con la cabeza erguida y pose chulesca caí rodando por las escaleras. Como en la canción. Iba por el salón con hielo enorme en la mano y todos me preguntaban que tal estaba. Yo siempre respondía con un escueto “cieguísimo”. Salí a la puerta de la casa de los papis de alguien y meé en los rosales. Mientras miraba la casa pensé:
“No está tan mal la Universidad” y antes de darme cuenta estaba en el sofá hablando con una chica muy guapa sobre los Rolling con una caja de cervezas apoyada en las rodillas. Eso antes de que todo se volviese borroso y oscuro por momentos. Solo recuerdo que lo último que pensé antes de estar profundamente borracho fue:
“La tierra vuelve a ser plana”

10 oct 2010

Héroes



Me agarró con fuerza de la mano, yo sonreí e ingerí otro rohypnol. Éramos solo dos perros abandonados surcando de una punta a otra las calles del viejo Madrid. A la espera de aquello que se supone que debería pasar. Las musas hacía mucho que se fueron en busca de carne más joven y menos atormentada. En busca de manos que aún soñasen con la gloria y la fama. La acababa de conocer en un bar. No suelo conocer chicas en los bares pero ella vino a mí como la polilla a la luz. La droga y la angustia existencial relucían en mi cara y ella vio en mí lo que llevaba tanto tiempo viendo en su espejo. Se llamaba Silvia y venía del sur. Charlamos sobre la vida. Y también de música y drogas. Tenía buen gusto aunque decía que no podía tomar alucinógenos. Cuando le pregunté el porqué, simplemente sonrió y dijo que tenía una pesadilla recurrente. Era rubia, con ojos azules y bastante alta. Fumaba con ansia y siempre apuraba el cigarrillo hasta que no podía más. Tenía un cristal muy bueno. Mexicano. Me ofreció un poco y nos metimos. Cuando empezó a hacer efecto no paraba de repetirme que tenía ganas de bailar así que la lleve a bailar. Le ofrecí un poco de MDMA y nos metimos. Me acarició el pelo mientras bailábamos y sentí el tacto frío de sus manos. Tenía manos de muerta. Los cubatas y los cigarros seguían bajando a una velocidad vertiginosa. Estaba demasiado puesto. Sentía que ella era mi ángel y había venido a salvarme. A llevarme lejos. Al mundo que siempre soñé. Sabía que era por los efectos del éxtasis. Le dije alguna incoherencia y me guió a la puerta, argumentando que necesitábamos algo relajante. Ella se lió un porro y yo le hice saber que llevaba un frasco de benzodiacepinas en el bolsillo de la chaqueta. Ella me dijo que prefería la marihuana, que no se fiaba demasiado de lo químico. Yo le expliqué mi tesis de que eso era estúpido, de que todo era químico. Follar es un proceso químico que libera serotonina, y la planta que se estaba fumando llevaba THC que es lo que le daba el colocón. En realidad el cerebro se regula con miles de drogas químicas. Lo químico es en realidad lo básico y lo natural. Ella se reía y decía que debería comprarme un laboratorio. Le dije que quizás sí y entonces me preguntó que droga fabricaría yo en un laboratorio. Me preguntó qué droga le hacía falta al mundo. Le dije que amor. Que fabricaría amor para todos. Yo iba un poco pasado y no sabía ni lo que decía pero a ella le gustó mi respuesta. Dijo que lo que más necesitaba el mundo era amor, y que le gustaría morir de una sobredosis de amor. Y entonces me besó. Me dijo que mis labios estaban fríos como los de un muerto y yo le dije que eso era porque hacía ya bastante tiempo que estaba muerto por dentro aunque mis células no lo hubiesen comprendido. Estábamos atrapados en un mundo que no había sido creado para nosotros y con el que no nos sentíamos bien. Fuimos a otro sitio. Bebí hasta que en mi cartera no quedaba más que pelusa y una vieja foto de cuando fui un hombre que me resistía a tirar. Ella vino de empolvarse la nariz en el baño y se sentía pletórica. Me arrastró con fuerza a una columna y me besó de nuevo. Nos besamos mientras en la discoteca alguien pinchaba a Bowie. Y pensé que sí, que a pesar de todo, de toda la miseria y degradación, ella y yo, almas malditas, podíamos ser héroes. Aunque solo fuese por esa noche. Cuando salimos de allí el sol nos golpeó en la cara y saqué con gesto decidido las gafas de sol. Se las puso ella. Ninguno preguntó hacia dónde nos dirigíamos. Ya lo sabíamos. Yo ya sabía qué era esto. Ella no tenía donde volver. No tenía donde caer muerta. Yo solo podía ofrecerle un colchón viejo y sucio a compartir conmigo y una pequeña televisión en el cuarto de estar que no sintonizaba cuando llovía. Pero no importaba. Fue como si los dos decidiésemos jugar a ese juego sin tener que discutir las reglas primero. Y además, ya tendría tiempo al día siguiente de preguntarme lo qué hacer. Por esa noche, solo por esa noche, fuimos héroes. Y por esa noche, solo por esa noche, decidí que en lugar de mi habitual dosis de caballo para dormir iba a llenar la jeringa hasta arriba de endorfinas, serotonina y dopamina, todo ello mezclado con mucho amor. Esa noche iba a cargar mi jeringa hasta los topes de amor.

Me anudo la garganta para no percibir el olor nauseabundo de mi coraza.
Y es que deberia lavarla pero hace tiempo que no me la quito ni para conciliar el sueño. Para eso uso el veneno...

20 sept 2010

Si tu me quisieras

Si tú me quisieras. Si tú me quisieras la primavera duraría todo el año y el crujido de las hojas aplastadas bajo la suela de mis botas en Noviembre sería el timbre melodioso de un ruiseñor en plena madurez musical.

Su tu me quisieras. Si tú me quisieras el resto no importaría. ¿Cómo iba yo a imaginar necesitar alguna otra cosa que no fuese tu amor?

Si tú me quisieras. Si tú me quisieras querría quererte como solía hacerlo, más querer no es poder por mucho que queramos imaginar y el rencor apretaría su yugo alrededor de mi lengua haciéndola escupir veneno y hacer daño.

Si tú me quisieras. Si tú me quisieras sabrías que se siente al amar algo tan complicado.

Si tú me quisieras, entonces, podría olvidarte.

12 sept 2010

Poesía torcida



Los poetas somos los renglones torcidos de Dios
Bendita maldición
Maldita bendición

Un fallo en el sistema
Una plaga
Un virus

Los poetas somos los renglones torcidos de Dios
Una tenia auto-fagocitándose
Sin piedad

Un poema por cada espina
Una espina por cada beso
Un poema, una rosa y un beso

LOs poetas somos los renglones torcidos de Dios
Poetas abundan
Poesía escasea

El dolor no muere
Se recicla en el corazón
Y se escupe por los dedos

Lejos

Bien lejos...


La luna sonríe en el firmamento, segura de sí misma. Pues sabe que jamás llegaremos a alcanzarla. Quizás el hombre mande cohetes al espacio. Incluso puede que se lleguen a asentar colonias en la luna. Pero jamás, en una noche de luna llena, un poeta disgustado mirará al infinito y con los brazos extendidos agarrará la luna y correrá a ponerla a los pies de su amada. Y eso, eso no hay verso con el que se compare.

31 ago 2010

Hemos perdido

Hemos perdido. Todos nosotros hemos fracasado por mucho que nos empeñemos en negarlo, en cerrar los ojos y algunos locos en guardar aún un poco de esperanza. Pero ante nosotros tenemos la verdad y es clara, concisa y desoladora. Estamos empezando poquito a poquito a dejar de hablar de “nuestro mundo” para centrarnos en el “real”. Ahora hablamos de salidas profesionales, de carreras universitarias en las que no nos han cogido, del precio de la gasolina y las subidas del tabaco…Lejos quedan los sueños. Ninguno de nosotros lo hemos logrado. No somos músicos, ni cineastas, ni escritores. Seguimos siendo diferentes atrapados en el mundo de los normales.