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23 dic. 2015

A favor de la subjetividad I


Anónimo (no es realmente anónimo, claro) me envía mensaje por el Facebook. Entre otras muchas quejas de niño llorica de 15 años al que le han dicho que “esa redacción está muy bien pero…”, me acusa de haber escrito una crónica subjetiva. La crónica en cuestión empieza literalmente por la palabra “YO”. Crónica. Yo. Subjetivismo. Pues muy bien, seguimos para el Nobel si os place.

El mismo rapero anónimo en cuestión, que se las ha dado en no una ni dos ni tres si no en cientos de ocasiones de ser el mejor y único verdadero poeta de España vivo (sí, tal afirmación merece capítulo aparte y es mejor no comentar) se dedicó también a esparcir mierda sobre un servidor y el periodismo en general por Twitter.
Por ello veo surrealista tener que llegar al punto de romper una lanza por el subjetivismo. Porque aquellos periodistas que os parecen tan experimentales y horribles, que hablamos de por qué esta canción nos gusta más que otra o de nuestro entorno y circunstancias somos los únicos que no os engañamos. Puede que haya tontos que se escuden en la imposible y malograda búsqueda de la objetividad o en ranciofacts estilo “lo más objetivo posible” pero esa forma de hacer las cosas está, gracias a dios, destinada a desaparecer. Relegada a información de consumo rápido como la económica y la política (no por ello despreciables, ni mucho menos).
En la era de los Millennials algunos tenemos que soportar que nos espeten cosas como “pues será tu opinión” o “no entiendo por qué crees que la gente va a estar de acuerdo con lo que piensas”. Que te follen. Claro que es mi opinión, pedazo de ignorante estúpido. ¿Cómo va a ser otra cosa salvo mi opinión? O mi favorita, la de “pero es que os creéis Tom Wolfe o qué”. Tom Wolfe no era nadie hasta que no empezó a escribir como Tom Wolfe, gilipollas. Si no te interesa lo que yo tenga que decir sobre algo, me parece muy bien, simplemente sal de mi artículo y entra en cualquier otro de otra persona que también vino al mundo entre sangre y confusión, y probablemente lo dejará igual, sin puta idea de lo que ha ocurrido en medio. O iros a leer a jefes de secciones de cultura, como Jam Albarracín, que llevan 20 años sin decir nada malo de ningún artista (por eso, entre otras cosas, son jefes de secciones de cultura.

Perdonad porque quizás el tono del artículo os suene un poco enfado. Soy un ser de carne y hueso y estoy enfadado. Y eso influye en lo que escribo y en cómo lo hago. Pedid mi cabeza por ello si queréis.
De todos modos, nunca quise ser periodista.

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